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Entrevista a Jesús Garza, Coordinador de la Coalición Hondureña de Acción Ciudadana (CHAAC)
[Diagonal / Martín Cúneo] En los primeros días del golpe, este activista relata para Diagonal las principales acciones de la resistencia, así como las claves que permiten entender por qué las élites económicas y políticas eligieron el camino de las armas.
Diagonal: ¿Cuál ha sido la reacción de los movimientos frente al golpe? ¿Cómo se está organizando, con qué apoyos? Jesús Garza: La mayoría de los movimientos sociales apostaban por la consulta popular que estaba promoviendo el Gobierno depuesto. Sus niveles de actuación son bastante espontáneos, ninguna organización o partido ha asumido la vanguardia. Cada organización está actuando conforme a su capacidad económica y logística. Por ello, hasta ahora la resistencia es más notoria en los ámbitos regionales que en la propia capital, donde también se realizan acciones de oposición. Las principales acciones han consistido en la toma de carreteras y puentes, manifestaciones públicas, marchas ciudadanas y en algunos casos enfrentamiento con los militares, como ha sucedido en Catacamas u Olancho, donde la población obligó al Ejército a replegarse y salir de la ciudad.
D.: ¿Y el ciudadano de a pie? J.G.: A los movimientos sociales se han sumado una gran cantidad de personas no organizadas, ciudadanía común, unos porque sencillamente consideran absurdo el golpe, otros porque los argumentos que esgrimen los golpistas no les convencen, muchos otros porque son militantes del movimiento del presidente depuesto en su antiguo Partido Liberal. Esto no significa que la población entera esté contra el golpe, existen muchos sectores, especialmente ligados a los partidos tradicionales y a los grupos económicos de poder, que se manifiestan a favor del golpe y otros que se están pronunciando para que se busque una salida política donde ni los golpistas ni el presidente depuesto asuman el control del Estado.
D.: ¿Cuál ha sido la actitud de los golpistas frente a las protestas? J.G.: Represión en la totalidad de la palabra. Durante la ejecución del golpe se anularon las transmisiones de radio y televisión, se cortaron los sistemas de televisión por cable, la luz eléctrica, la telefonía fija. El domingo 28 se reactivó la comunicación en torno a las 11 de la mañana. Sin embargo, las emisoras nacionales de radio y televisión sólo transmitían programas musicales y deportivos, en los sistemas de cable estaban bloqueadas las señales de los canales informativos internacionales como CNN, TVE, FoxNews, Telesur, CubaVisión, etc. A las 12 del día, las emisoras nacionales iniciaron una cadena transmitiendo en vivo la sesión del Congreso donde leyeron una renuncia, que nadie cree, del presidente Zelaya y declarando presidente a Roberto Micheletti [estaba fechada tres días antes y aducía problemas de salud].
Esto complicó mucho las cosas a los golpistas, porque además de la burda maniobra legal de la renuncia, el señor Micheletti había participado como candidato a la Presidencia en las elecciones internas de su Partido Liberal (el mismo de Mel) donde había sido abrumadora y categóricamente derrotado. En ese momento se iniciaron las protestas.
Varias marchas, en casi todas las ciudades, han sido reprimidas por la policía con gases lacrimógenos, detenciones... El lunes 29 de junio por la tarde empezamos a ver algunos canales internacionales, aunque generalmente sólo permitían sus emisiones cuando entrevistaban a funcionarios del nuevo Gobierno o cuando pasaban imágenes de la concentración en Tegucigalpa de los adeptos a los golpistas. Para el martes ya algunos medios de comunicación nacionales empezaron a circular informaciones más independientes y se mantuvieron las transmisiones de los canales internacionales. En estos momentos hay personas desaparecidas, heridos, presos, órdenes de captura contra dirigentes sociales...
D.: ¿Qué sectores sociales están detrás del golpe? J.G.: Definitivamente son los empresarios vinculados a todo el modelo neoliberal de libre comercio. A ellos se suman los grupos políticos que detentan la conducción de los partidos tradicionales de derechas (Liberal y Nacional, así como la minúscula Democracia Cristiana) y algunos intelectuales que se decían demócratas, pero que no tuvieron oportunidad de empleo en el Gobierno de Mel. Su reacción a la condena internacional es que realizarán una campaña para demostrar la justicia de sus acciones, la legalidad con que dicen que actuaron.
D.: ¿Qué salida puede tener este conflicto? J.G.: Aparentemente los que apoyan al golpe están unidos, pero también cada vez están surgiendo voces de oposición desde sus propios sectores en contra de la “forma del golpe”. ¿Cómo terminará esto? Es difícil predecir, el problema no es legal, es político. Pienso que la solución pasa por la restitución de Zelaya y que de allí se siga con el juicio por los supuestos ilícitos.
Algunas organizaciones y personas están planteándose, tímidamente aún, la posibilidad de un Gobierno de transición donde no intervenga ni Mel ni Micheletti, al menos hasta las elecciones en noviembre. Todo parece indicar que las elecciones, pase lo que pase, se realizaran el último domingo de noviembre, pero desde mi visión, serán las de mayor abstención, porque los líderes políticos nos han defraudado a todos, a unos porque no se han pronunciado contra el golpe, y los otros porque tampoco se han pronunciado plenamente a favor del golpe. “El golpe es el producto de la intransigencia de los sectores conservadores" Diagonal: ¿Qué representa Zelaya para los movimientos sociales?¿Realmente era una amenaza para las élites?Jesús Garza: Lo interesante del fenómeno Zelaya es que no llegó al poder con el apoyo de los movimientos populares, sin embargo, por sus acciones se fueron identificando poco a poco con su Gobierno: adhesión al ALBA, decretar un salario mínimo, defender la propiedad del Estado sobre la empresa de energía eléctrica y la telefónica (ENEE y Hondutel). Desde el inicio de su Gobierno entró en contradicciones con las élites. Lo primero fue la cancelación de los contratos de exclusividad en las licitaciones públicas de los medicamentos para los hospitales; esto provocó la oposición de las principales empresas de medios de comunicación, vinculadas también al negocio de los fármacos. Desde hace varios años, la empresa privada quería la privatización total de la ENEE y Hondutel, pero su Gobierno fortaleció estas empresas públicas, es decir, tomó una medida contraria al neoliberalismo. Personalmente, creo que estas medidas no las hizo por un posicionamiento político frente al modelo, como les gusta decir a muchos sectores sociales más radicalizados, más bien obedecía a una necesidad de Estado, pues al no contar con suficientes ingresos por la reducción de aranceles en los diferentes tratados de libre comercio, el gasto público era sostenido por los ingresos de estas empresas.
Igual situación puede deducirse de su adhesión al ALBA, ya que también entró en contradicción con los empresarios importadores de petróleo, estableciendo un mecanismo de licitación de combustibles que permitió mantener precios bajos (en relación con Centroamérica) de los carburantes.
Estas acciones económicas causaron el menosprecio de las élites económicas, sumadas a su decisión de aumentar el salario mínimo. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada siempre condenó esta medida, no la aceptó y puso en los tribunales más de 180 demandas de amparo por el aumento, pero las perdieron todas ante la popularidad de la medida. Ningún juzgado tuvo el valor de darles el amparo que pedían.
Es obvio que el golpe es el producto de la intransigencia de los sectores económicos y políticos conservadores que no aceptan mover ni un ápice de sus privilegios. A esto agrégale la actitud de prepotencia del presidente depuesto y del señor Micheletti, nombrado como nuevo presidente. Las grandes contradicciones económicas y políticas terminaron por ser una batalla personal entre Mel y Micheletti.
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