Portada Berriak Latinoamerika Mexiko Entrevista al subcomandante Marcos (1ª Parte)

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Entrevista al subcomandante Marcos (1ª Parte) PDF Inprimatu Email
2006/06/20

[1ª parte]

Rebeldía: Desde hace ya bastante tiempo el EZLN ha venido insistiendo sobre una tendencia que se está expresando en el ámbito mundial: la crisis del Estado-Nación. Esta idea tiene como punto de partida la transformación de una serie de paradigmas políticos que fueron la base de la teoría del Estado-Nación. Aquí no nos interesa volver a una explicación ya dada por ustedes, el asunto es más concreto: ¿Qué relación tiene esta visión con la propuesta de la Otra Campaña?

SCI Marcos: Lo básico que vemos nosotros es que esta crisis está por resolverse. No, como piensan algunos, volviendo a las bases fundamentales originales del Estado Nación, sino ya respecto a todo lo que está ocurriendo a nivel mundial con la globalización y con el neoliberalismo. Según nosotros, ya la destrucción ha sido tal en las bases de los Estados nacionales que hacen imposible, desde arriba, la reconstrucción.
Pero aparece todo un sector de la nueva clase política, o la reactivación de ciertos sectores de la clase política con otra perspectiva que plantean volver a organizar el Estado Nación; hacerlo funcional de nuevo ahora en esta etapa del capitalismo salvaje.
Esta reestructuración o esta reorganización de los Estados nacionales, ya dentro de la perspectiva de la globalización, por un lado significa para los movimientos sociales, para los movimientos populares —en general para el movimiento de la rebelión a nivel mundial— su amenaza más importante. Y, por otro, que este reordenamiento de los Estados y de sus gobiernos va a significar que se acabe de concretar la destrucción del planeta. Y no me refiero a un sentido simbólico, sino real.
O sea, que se avance esta voracidad de las grandes empresas transnacionales que están literalmente des- truyendo la naturaleza: manantiales, bosques, playas, ríos. Y, entonces, ese Estado, ese nuevo Estado que está surgiendo, cuyas principales puntas del iceberg son: el nuevo Estado en Brasil, con Lula, en algunas partes también de Sudamérica, y en esta propuesta de la izquierda parlamentaria o de la izquierda institucional del PRD y de López Obrador.
Por eso, el EZLN empieza a ver este proceso de reordenamiento. Ya no va a ser lo mismo que con Zedillo y con Fox, esta especie de desorden o de caos y que los gerentes que están en el gobierno y que están en los puestos de dirección del Estado simplemente están operando las cosas. Ahora se trata de volver a recuperar el hombre-Estado, el estadista de antes, pero ahora con otra perspectiva. Viene este reordenamiento, viene una disputa sobre lo que es el proyecto social o el proyecto de nación —como está de moda decir allá arriba— y si no hay una alternativa a la propuesta que es de arriba, viene una gran derrota moral, casi equiparable a la de la caída del Muro de Berlín.
Nada más que más grave, según nosotros, porque está este engaño de que por arriba se va a poder solucionar la cosa y, de una u otra forma, uno se convierte en cómplice de esa destrucción.
Se hace este análisis, que nosotros representamos en la Sexta Declaración con la espiral, antes de esto hay otras pistas que da el EZLN sobre cómo toma sus decisiones, de pasos, que se pasa de lo particular y luego para arriba, y luego más arriba, que es el caracol que se va creciendo. Y, entonces, se plantea esto de qué es el EZLN, dónde está, luego se va a lo nacional, luego se va a lo mundial.
Y, no está ahí y sí está ahí esta visión —en la Sexta Declaración— de que va a haber una disputa y no se mete en el problema de cuáles son las características de ese nuevo Estado que va a surgir, sino en sus implicaciones. Para nosotros, la lucha contra eso significa la única posibilidad de sobrevivencia como nación. El nuevo Estado Nacional, o el nuevo confederado a la multinacional que se está creando, significa la destrucción de lo que nosotros llamamos Patria y de todo lo que la compone.
Entonces, la Sexta Declaración hace este análisis, toma esa decisión y dice: lo que hay que ver es si en nuestro país y en el mundo hay otros que estén viendo esto que estamos viendo nosotros y que están pensando hacer lo mismo. La propuesta de la Otra Campaña es esta propuesta de unir, primero conociéndonos y escuchándonos, estas coincidencias que, al principio, pensamos que iban a ser menos o más dispersas y que, conforme avanza el paso de la Otra Campaña y se va concretizando —no me refiero sólo al paso de la Comisión Sexta, sino cómo la Otra Campaña va evolucionando— resulta que no, que son más, que son muchos y que la experiencia todavía es mayor. Y que coinciden en esto: ésta es no sólo la nuestra, sino es la última oportunidad que tenemos.
Si nosotros dejamos pasar esta crisis y dejamos que se solucione arriba, el costo para todo el movimiento social, no sólo el de izquierda, definido como de izquierda, sino incluso el espontáneo, es la muerte. Así lo vemos nosotros.

Rebeldía: Explotación, despojo, desprecio y represión fueron señalados en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona como los cuatro flagelos que el capitalismo, en su fase actual, desata en contra de la humanidad y en especial en contra de los más pobres. Después de recorrer 20 estados del país. ¿Consideras que efectivamente estos cuatro flagelos representan el objetivo a combatir?
SCI Marcos: Sí, nosotros pensamos que lo que está ocurriendo es que hay dos etapas en este desarrollo del capitalismo a nivel mundial y en México. Se trata de despojar, de robar, y luego de explotar lo que inmediatamente aparece como fuente de riqueza: el trabajo, la tierra. Y digamos que en torno a esos dos ejes se construyen las formas ideológicas de dominio, políticas, culturales, que se sintetizan en estas dos palabras: desprecio y represión.
Pero llega un momento en que no basta con estos cotos de riqueza, con esta imagen que teníamos de las grandes ciudades: ciudades con gran concentración de la riqueza rodeadas de un cinturón de pobreza, sino que ahora estas ciudades —para usar el mismo símil— ese nudo de la red del poder capitalista avanza ya cada vez más sobre lo que era su periferia, lo que no le importaba. En concreto, decimos nosotros: sobre nuestra pobreza. No les basta que seamos pobres, también quieren esa pobreza porque han descubierto que ahí todavía queda algo.
En el caso del sector más pobre y más marginado de este país, que es el de los pueblos indios, es clarísimo: se trata de despojarles de su casa, porque hasta ahora es que su casa se ha convertido en una mercancía. Y me refiero a los bosques, a los manantiales, los ríos, los litorales, o sea las playas, e incluso el aire.
Entonces, cuando se plantea esto y se plantea también que esto está operando en otros sectores, como el del movimiento obrero, como del movimiento campesino no indígena, la seguridad social, la salud, todo pues lo que empieza a hacer el sistema en una sociedad. Lo que está pasando es que en el núcleo central del capital que es la explotación de la fuerza de trabajo y todos los engaños que se hacen en torno a ésta, se empieza a generar una especie de remolino brutal en contra de todos los sectores para despojar a todos de todo. Aunque sigue siendo el núcleo central, según nosotros, la explotación de la fuerza de trabajo.
Pero esto empieza a hacerse así y le permite a ese núcleo central, el hecho de que la explotación, el despojo, el desprecio y la represión empiecen a aventar a grandes sectores de la población a ver qué hace, le permite a ese núcleo central contar con lo que se llama el ejército de reserva… Que le permite bajar todavía más los salarios, aumentar la cuota de explotación y regresar cien años atrás el desarrollo del capitalismo en México. Aparte del fenómeno de la migración, que es un problema para abajo y también para arriba, como se está viendo con las respuestas del gobierno norteamericano.
El hecho de bajar la noción del capitalismo a estas manifestaciones es lo que ha permitido a la mayoría de la gente que forma parte de la Otra Campaña el entender que esto es lo que nos hace, como pueblos indios, como obreros, como campesinos, como estudiantes, como maestros, como gente pues de abajo. Cualquiera puede reconocer esos cuatro elementos del capital que, de otra forma, aparecen diluidos.
Si se habla del desprecio y el racismo, por ejemplo, en cuanto a los pueblos indígenas queda muy diluido. Pero como está claramente acompañado por el despojo de tierras comunales y ejidales, entonces queda claro quién es el enemigo y que no basta —porque aquí lo que está resolviendo toda la Otra Campaña es que no bastan las luchas que estamos llevando a nivel individual o grupal—, que el horizonte fue rebasado, fue roto, no por nosotros —porque tengamos una gran visión—, sino fue roto por el capital, por el poder.
Entonces, ¿quién es el que decide que los pueblos indios eleven la mira y dejen de pelear sólo por el reconocimiento de sus derechos indígenas, sino ahora contra el capital? Es el capital; el que ha roto. Ha dicho claramente: el problema no es reconocerte como indígena, porque para mí no vas a existir, te voy a destruir.
Y en el caso del movimiento obrero, esto que se llama la pulverización del movimiento obrero y del sector obrero, y no me refiero sólo al partirlos en muchos pedazos, sino incluso cronológicamente: eres obrero un rato y luego ya no lo eres. No tienes ninguna seguridad. Y a veces lo eres en un lado y a veces no, a veces lo eres en otro. Esta gran mentira de que la entrada de capitales y de industrias signifique empleo para la población que está ahí; y resulta que los trabajadores son jalados de otros lados. Porque está esa disposición de los que despojaron.
Se convierte en una guerra que, decimos nosotros, en estos cuatro aspectos es donde todos coincidimos. Y es donde se permite que las trabajadoras y trabajadores sexuales, los homosexuales y lesbianas, los indígenas, los jóvenes, los niños, dicen: sí, aquí, en esto está. Esto cambia de nombre pero es el mismo efecto para nosotros. Y significa para nosotros —el avance de esto—, nuestra destrucción como lo que somos. En algunos caso, incluso destrucción física.

Rebeldía: Parecería como que la Otra en Puebla significó una especie de punto de redefinición de la Otra Campaña, en especial las reuniones que se tuvieron en Altepexi. Un proletariado nuevo, diferente, muy otro al tradicional agrupado en los grandes sindicatos de rama industrial se apareció, contó su dolor e identificó a su enemigo, no tan sólo en abstracto, sino que lo señaló por sus nombres. Ese proletariado —muy indígena— no tiene la experiencia de años de organización sindical, tampoco ha sido tocado por la ideología de la revolución mexicana, en cambio, tiene una claridad impresionante de lo que significa su explotación y considera a su patrón como su enemigo. ¿Qué le dice al EZLN ese proletariado? ¿Se miran en el mismo espejo? ¿Se identifican en su dolor y en su lucha?
SCI Marcos: ¿Qué significa para nosotros y qué significa para las organizaciones políticas, con una visión tradicional o más cuadrada de lo que es el movimiento obrero? Para nosotros significa, por un lado, nuestro destino. Porque toda esta gente que está ahora en maquiladoras es gente indígena que, por el despojo de tierras, sale —sobre todo jóvenes— a conseguir trabajo y se empieza con esta realidad. Ahora sí que del campo a la ciudad, como luego se dice, pero de la forma más brutal que se pueda imaginar. En ese sentido identificamos las raíces, el común denominador, y creo que, de alguna u otra forma, cuando se da este encuentro se batalla menos que con los obreros tradicionales, porque tenemos la misma raíz, el mismo origen.
Y a la hora que ellos explican esto, lo explican como lo explicamos nosotros. Y se está planteando esto que insistimos una y otra vez: esta gente va allí expulsada. No por mejores condiciones de vida, sino por sobrevivir. Porque no hay otra opción. Y eso es lo que permite esas condiciones tan brutales de explotación: jornadas laborales de 14 a 16 horas; salarios mínimos, muy mínimos, de 45 o 50 pesos, y un alto costo de la vida, porque ya en la ciudad pues hay que rascarse con sus propias uñas.
Nosotros pensamos que con este proletariado, con este nuevo proletariado, hay una identificación casi inmediata. Es esta raíz indígena la que les da esa firmeza y esa claridad, cuando menos para nosotros. Y se ve claro en el encuentro obrero: los trabajadores que venían de ese sector y con esa tradición, inmediatamente dijeron: aquí de lo que se trata es de un sistema, no de un sindicato. A pesar de que han hecho luchas por registrar sindicatos y por condiciones laborales, es tan brutal y tan inmediata la presencia del patrón: casi igual como la presencia del terrateniente en la hacienda porfirista. Y el hecho de que esos sectores también identifiquen, no la realidad histórica del movimiento obrero de Fidel Velázquez por la independencia sindical, sino que empieza a presentar semejanzas —a lo mejor no concientes— con el movimiento obrero en la época porfirista. Muy combativo, muy radical, muy sobre enfrentar al capital, ahí, en el centro de trabajo. Paremos, forcemos, rebelémonos en la misma línea de producción, que casi no tiene ahora ningún ejemplo por ese lado.
Como que la lucha obrera actual —digamos la que más se conoce— no se da en la línea de producción, sino se da afuera: vía el sindicato o vía las movilizaciones. No sé, soy muy ignorante de esto, pero son pocas las luchas obreras que se den en la línea de producción. Y éstos las están planteando ahí. Ahí es donde se está dando la rebelión. Cuando menos lo que nos estuvieron contando. A la hora en que las obreras maquiladoras mandan a la chingada la línea, o se levantan, paran, entonces se viene todo el proceso de represión. Nosotros creemos que tenemos ahí un maestro importante: que en ellos no esté todavía la noción de que tienen mucho que enseñar, tal vez se opaca por esta decisión y esta radicalidad en su lucha.
Cuando el EZLN y la Comisión Sexta dice que los indígenas son los que se van a trincar hasta lo último, no se refiere al pueblo indígena tradicional que está en su comunidad y hace sus artesanías y luego llegan los finqueros y la policía a despojarlos de la tierra. También, y sobre todo, se refiere a éstos. A éstos que aquí en México, o en el otro lado, están enfrentando la explotación de otra forma, pero la están enfrentando con sus raíces. Y eso es lo que los lleva a su radicalidad y su determinación en la lucha.
Nosotros pensaríamos que las organizaciones políticas y sindicales deberían voltear a ver allá y aprender muchas cosas.

Rebeldía: Existe una crítica muy fuerte de algunos intelectuales de izquierda (por lo menos así se definen ellos) y de corrientes de izquierda —que actúan en el límite entre la institucionalidad perredista y charril y el movimiento social autónomo— en contra del EZLN sobre la frase: “Me cago en la correlación de fuerzas”. Desde luego sabemos que existe una especie de cultura en la que el análisis de la correlación de fuerzas es una magnifica coartada para evitar la lucha y la confrontación. Sabemos también que muchas veces el culto a la correlación de fuerzas ayuda a tirar los principios y la ética de la actuación política. Sabemos que la repetición incansable del concepto correlación de fuerzas no es otra cosa que la hipócrita resignación frente al pensamiento y la práctica de la derecha: ¿Cuál es la evaluación que tú haces de esa crítica?
SCI Marcos: Va más arriba el problema. Nosotros decimos que hay un problema en el sector intelectual, no sólo éste que señalas, sino en todo el sector intelectual —incluyendo el de izquierda radical— que es la separación o el desprendimiento del quehacer intelectual del quehacer político. A la hora que estás produciendo teoría o reflexión teórica, desligado de un movimiento, en esta especie de outsider que se propone a sí mismo el intelectual, está espontáneamente tomando de la realidad una concepción, y es esa concepción la que le permite editar la realidad y elegir: “esto es lo más importante”. Es la idea ésta de que “bueno, si espontáneamente —no como producto de un movimiento social, sino espontáneamente— de lo que veo en la realidad —que lo que ves de la realidad es lo que dicen otros intelectuales, lo que dicen los medios de comunicación, lo que se dice en los círculos culturales: que el imperialismo, o el Imperio, o la nueva correlación de fuerzas—, eso es lo que les permite decir: “esto es lo que importa” y les permite construir teorías como las de los corredores, diferentes tendencias que dicen: “así está la realidad”. Y sí, si partes de esa concepción, sí consigues obtener elementos de realidad que te confirmen tu tesis y también la contraria. Pero nunca llegan a esa parte.
Nosotros decimos que la teoría, en ese sentido, allá arriba, siempre va a cojear de eso. Porque no se está planteando lo que dijo —no me acuerdo quién— que el problema de la teoría es práctico, fundamentalmente práctico. Y la práctica no es dar una clase, no es escribir un artículo, sino vincularse directamente con un movimiento social o político. Ahora, dentro de ese sector, está esto que se llama la comodidad en el código cultural. Cualquier cosa que altere mi posición como intelectual; que la ponga en crisis o que la cuestione, es algo que espontáneamente el intelectual rechaza. Si hay elementos en la realidad o movimientos que en la realidad están planteando una radicalización de la sociedad, eso significa que el intelectual pierde su espacio de seguridad para producir teoría.
Los elementos se precipitan y no alcanza a producir la reflexión teórica. ¿Cuál es la queja fundamental de los intelectuales de izquierda y de derecha respecto a la irrupción de la Comisión Sexta, a partir de lo de Atenco? Nos desarregla el panorama. Ya teníamos aquí los elementos: los partidos políticos, el IFE… Y de pronto aparece y entra —¿por dónde? por la ventana— esta bola de plebeyos que no sólo no controlo y no sólo no sé de qué se trata, no quiero entenderlos, y me desarreglan todo el panorama. Y está esa desesperación que se traduce en odio y en coraje.
Eso es digamos en general. En esta parte, en concreto, es: “nosotros no podemos —nosotros como intelectuales— valorar la correlación de fuerzas que no sea desde arriba, si no, nos lleva a la pregunta de ¿qué vas a hacer? Cuando mi trabajo como intelectual es responder qué no hay que hacer”. Y sí, vas confrontando las propuestas de los intelectuales de izquierda y de derecha y es: no hay que hacer esto, no hay que hacer esto, no hay que hacer esto. Y no hay que hacerlo. Cuando alguien diga: “hay que hacer esto”, pues uno le va a decir: “hombre, vente para acá, aquí tienes un espacio, hay que entrarle”.
Entonces, en ese nivel, la correlación de fuerzas se convierte en la coartada para no hacer nada. Ni siquiera para el cambio pausado. Porque si se ve la argumentación que se da no es que la correlación de fuerzas dice que no se puede por vía insurreccional o por vía violenta; que es necesario un cambio pausado —que es algo que se podría discutir—; lo que dice es que no se puede un cambio, punto. Lo que se puede es dentro de esta estructura inacabada, pero fundamental, hacerle algunos arreglos. Y arreglos que me beneficien a mí como intelectual.
Evidentemente, si todo se solucionara en el espacio académico y con ese nivel de que “yo te digo y tú me dices” del debate allá arriba, que no es apasionado. Yo me acuerdo que hace algunos años el debate entre intelectuales era apasionado y no significaba que tuviera bajo nivel. Ahora resulta que si se apasionan es que no tienen nivel teórico.
Entonces, me puedo mantener en ese canal y seguir siendo la conciencia cómoda de la derecha, no de la izquierda, de la derecha. Decir: “no, no hay que cometer excesos”, “sí, está bien, hay que explotar, hay que despojar, hay que despreciar y hay que reprimir, pero con ciertos parámetros de civilidad”. En ese sentido, la correlación de fuerzas nunca llega al punto fundamental, que en un análisis de correlación de fuerzas es: ¿es el sistema, o no es el sistema? Porque a lo mejor la correlación de fuerzas es: “para cambiar el sistema, no se puede; para cambiar de partido en el gobierno, ahí sí se puede”. Está este brinco que hay de un lado para otro.
Lo que nosotros pensamos es que este análisis de lo que es la correlación de fuerzas lo que está haciendo es seleccionar de la realidad los elementos que les permitan argumentar el “no voy a hacer”, “no hay que hacer”, “no se muevan”, “no hagan olas”. Pero que si hacemos realmente un análisis de la correlación de fuerzas, a lo mejor puede salir que sigue siendo más poderoso el enemigo, pero que ya hay otro elemento del que nunca se es conciente: que es el de abajo. Y su rebeldía es organización.
No se trata que el EZLN esté diciendo, esté hablando de un sentimiento o de una subjetividad rebelde. El EZLN, a la hora que está pasando por los estados, está detectando que esa subjetividad está organizada y tiene una historia. No se trata de movimientos espontáneos, ni de encontrar a la gente nada más que esté lista. Resulta que la gente ya tiene su organización y su historia. Entonces, si se ve eso y se ve lo de arriba, entonces, la correlación de fuerzas cambia.
Cuando el EZLN dice: “me cago en la correlación de fuerzas”, es me cago en la visión que en el sector académico se hace de la correlación de fuerzas. Tanto mundial, como nacional, como regional, como local, según como lo vayan bajando. Y que significa —así en términos muy pedestres de nosotros— que están mirando arriba y no miran abajo. Si alguien, mirando hacia abajo, nos dijera: oye ya viste que… esto. No, pero tan nos desprecian, que ni siquiera existimos. Esa es la molestia fundamental con la Otra Campaña por lo de Atenco: si no existía, pasaba por cualquier lado, no tenía nada que ver, ahora que se mete en esto se obliga a ver para abajo y no gusta lo que se está viendo. Porque se está viendo un movimiento plebeyo, rebelde, grosero, mal hablado, que pone los pies encima de la mesa, que come con los codos también sobre la mesa… Que no sigue el criterio que se ha establecido.
Nosotros decimos que ese análisis no tiene ningún efecto. Porque, en todo caso, el que ofrece la derecha da más coartadas. Y es al que se dirige la izquierda institucional. O sea, al PRD no le importa lo que digan los analistas en La Jornada, lo que les importa es lo que se dice en Letras Libres; lo que les importa es lo que se dice en Vuelta —bueno ya no existe Vuelta—; en Nexos y todo eso, porque ellos han construido una interlocución con el poder y con los medios de comunicación. Y los sectores más marginales que piensan que no, porque los invita a comer Jesús Ortega y que algo les hacen caso, pero en la realidad no les importa. Ni su radicalidad, ni su prudencia. Los intelectuales de la izquierda de arriba se la pasan rogando al poder por que los mire, y se contentan con muy poco. Si, a cambio de eso, ellos pueden decir: mi correlación de fuerzas que estoy ofreciendo para el movimiento revolucionario del mundo —porque hasta eso son prudentes y modestos— no tiene ningún efecto ni abajo, ni arriba, ni siquiera en la academia —no creo que en los alumnos provoque ningún entusiasmo.
Pero para ellos sirve. Para que cada día se puedan ver al espejo y decir que sí estás haciendo tu trabajo de orientar al proletariado, lo que pasa es que no te comprenden, no te obedecen. Pero en realidad, casi nunca, lo que señalan va dirigido hacia abajo, siempre es arriba. “No los veas, no les hagas caso porque son ultras, son plebeyos, no toman en cuenta la correlación de fuerzas”.

Rebeldía: En el mismo sentido se ha señalado, por los mismos, que el señalamiento de que “vamos por los ricos de este país” o “vamos a derrocar al gobierno que sigue sin importar de qué partido sea” representa una idea propagandista irrealizable, que reflejaría una especie de voluntarismo infantil. Esto de alguna manera revela la cortedad de miras de estas personas que no pueden imaginar un horizonte de ruptura revolucionaria, radical, rebelde o como se le quiere bautizar: ¿A qué crees que se deba esta cortedad de miras?
SCI Marcos: Esto del voluntarismo en realidad tiene su contrapeso. Es un señalamiento deshonesto de parte de esos intelectuales, porque todos ellos están apuntando al otro voluntarismo que sí está perfectamente definido. Porque dicen: sí es cierto que el PRD no tiene cuadros de izquierda; sí es cierto que el grupo gubernamental se está formando con cuadros priístas y panistas… pero está López Obrador, y en su voluntad, en su honestidad, ése es el que va a permitir que cambien las cosas, a pesar de que todo el entorno —y lo reconocen, pero no lo mencionan— es contrario, es de derecha.
Entonces, ellos dicen: aquí están todos estos elementos para que nuestro voluntarismo, que tiene el aval de nosotros como intelectuales, sí funcione, y el voluntarismo plebeyo de abajo no funcione. El EZLN no está pidiendo permiso para que lo tomen en cuenta o para que lo clasifiquen allá arriba. Entre su desafío está fundamentalmente el desafío a ese sector intelectual. ¿Cómo lo decidió y cómo calculó los costos? Es parte de otra historia. Pero en eso el EZLN ha sido muy claro: no nos importa que no nos guiñen el ojo o que no nos den palmaditas, o que no nos orienten, o que no nos tomen en cuenta.
Al revés. Nuestra propuesta es también frente a eso, también rebelde frente a eso. Y lo que está haciendo el EZLN es lo que ha hecho toda su vida, desde que nació hace 22 años, que es tocar abajo y leerlo que está tocando. Y decir claramente: nosotros no podemos fingir de decir que los problemas que estamos detectando se van a solucionar, sin que cambien las cosas fundamentales de este país; sería mentir. No lo vamos a hacer; o lo hacemos y entonces no vamos a ser nada, ni siquiera reformistas.
No se puede seguir manteniendo el proyecto social de esta nación con esta mentira de que evolucionan arriba y evolucionan abajo. Llegó donde ya se acabó la paga, entonces, que sobreviva uno significa la muerte del otro —del otro como proyecto nacional—. Entonces,¿por qué vamos a decir que este movimiento se va a detener en democracia electoral, cuando vemos que lo que está brincando es una democracia directa? ¿Qué va a pasar con la democracia electoral, o la democracia de partido de clase política —que es la que está ahorita— cuando se plantee la democracia directa u otros tipos de democracia que están surgiendo? Pues tienen que desaparecer. Y no se van a resignar a desaparecer. Entonces, va a haber que destruirlos como clase política, no como personas.
Y, ¿en qué momento la riqueza que se está acumulando en un lado será posible quitarla y repartirla equitativamente? Nosotros decimos: ya no es posible. Es necesario destruir al que detenta esa riqueza y que pase a ser posesión del verdadero poseedor, del que fue despojado de esa riqueza: del trabajador. Del trabajador, del pueblo indio, de toda la gente que está abajo.
Entonces, ¿qué debíamos hacer nosotros? ¿Mentir o decir una verdad a medias? Decir sí, la situación está muy mal en el país, va a haber una rebelión y ¿qué va a pasar después? No, pues yo creo que los ricos, el gobierno, van a decir sí es cierto vamos a otorgarles algunas concesiones. Nuestra experiencia como indígenas zapatistas es la contraria: lo que logramos construir allá no tiene nada que ver con algo que nos hayan dado allá arriba. Ni el derecho a vivir, ni el derecho a vivir mejor. Si el EZLN sobrevivió fue por su capacidad para conectarse con otros y por la nobleza de la gente de otros lados para apoyarlo. Pero no porque el gobierno haya resuelto; haya dicho: sí, está muy dura la cosa, vamos a darles algo.
Y si tú constatas lo que pasa en las comunidades priístas —o que aceptan la ayuda gubernamental—, que se supone que reciben la ayuda que fue producto de que el gobierno entendió: sí, es que las condiciones de los indígenas están muy graves. Y las de las comunidades indígenas, puedes ver —sin ninguna pena— que éstas van a desaparecer, las que reciben ayuda. A desaparecer físicamente: son las que más aportan para la migración a la ciudad y a Estados Unidos. Entonces, ¿por qué vamos a mentir o quedarnos a medias si sabemos que esto es lo que significa nuestra sobrevivencia? La sobrevivencia como nación, como México de abajo, pasa necesariamente por la destrucción del México de arriba; por su expulsión; por hacerlos pedacitos, como dice aquí.
Entonces, ¿cuál es el problema de la clase política? Porque son dos cosas: vamos por los ricos de este país, es que los vamos a sacar y, si tienen delito, pues a meterlos a la cárcel. Porque ese momento se tiene que presentar. Según nosotros no es posible la convivencia, porque su existencia de ellos significa nuestra desaparición. Y, aparte, está lo del gobierno. Es decir, cómo es posible que pases —que es lo que preguntaba Loret de Mola— ¿cómo es posible que pases por encima de 40 millones de mexicanos que fueron y votaron y eligieron a un gobierno? Y yo le preguntaba: ¿y los otros 70? Porque ni siquiera son 40, van a ser como 30 o veinte y tantos. ¿Y los otros 70, qué?
Ese gobierno que está allá arriba y esa clase política no tiene identidad ideológica. No es de izquierda ni de derecha, ni de centro. Es una clase que está buscando chamba y donde haya se pone el rostro, paradójicamente, se pone el pasamontañas que le conviene. Y se ve claramente en sus discursos. Donde conviene ser de izquierda —y no me refiero sólo a López Obrador, también a Calderón y a Madrazo— y cuando conviene hacerse duro, y cuando conviene hacerse pato. No hay una identidad que digas: aquí estos candidatos son de izquierda en todos lados. No, es según el auditorio, según el tema.
Entonces, si ningún gobierno arriba va a cuestionar el rumbo económico —o la macroeconomía, para que quede más claro—, entonces ese gobierno tiene que ser derrocado. A nuestro entender, salvo que Patricia Mercado o Campa Cifrián, o el doctor Simi tengan alguna baraja debajo del saco, ningún gobierno de los que vaya a llegar está planteando esto. Piensan que es posible seguir, como nación, con las variantes macroeconómicas. Nosotros decimos: No. Ahora, si es voluntarista o no, pues ahí se va a ver si nosotros como Otra Campaña podemos organizar a todo ese pueblo y confrontarlo con la realidad que dice que no pueden seguir así las cosas, pues no veo por qué tengamos que mantener a un gobierno que nos va a destruir como nación.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con ese gobierno? Pues derrocarlo, o deponerlo —porque dicen que derrocar tiene que ser con las armas y la deposición es con movimientos—, como se llame. Con una movilización civil y pacífica deshacernos de ese gobierno, que es nuestro derecho constitucional, y hacer otro. Ahora, lo que nosotros estamos diciendo es que no es sólo eso, por eso agregamos lo de los ricos. Es necesario cambiar el sistema y quitarles lo que nos quitaron a los que ahora poseen los medios de producción. O sea, quitarles la tierra y trabajarla nosotros. Quitarles las fábricas y trabajarlas nosotros. Quitarles los bancos, los comercios, y trabajarlos nosotros. Eso ya lo había dicho antes alguien ¿no? Y antes sí había mucha gente que luchaba…

 
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